03
Octubre
2012

Mompox Jazz Festival 2012

mompox principal
El dúo conformado por Carlos Reyes y Germán Pinilla participaron en el Primer Festival de Jazz de Santa Cruz de Mompox el pasado viernes 5 de octubre.

Por Carlos Reyes

Mompox Jazz Festival 2012

El pasado 5 y 6 de octubre se llevó a cabo el primer Festival de Jazz en Santa Cruz de Mompox. Para la UNESCO patrimonio de la humanidad, para otros un curioso destino turístico y para mí­ un lugar maravilloso de esos que se atraviesan en la vida gracias a tocar blues y hacer amigos a altas horas de la madrugada. El caso es que el dúo de country blues acústico de Carlos Reyes y Germán Pinilla sonó en el Bolívar, a mucho honor.

El cartel del festival estuvo compuesto por importantes personalidades del jazz en Colombia, algunos de los cuales tengo el gusto de conocer personalmente y otros que, supongo, tengo el gusto de no conocer en absoluto. Hubo espacio para el blues y varios músicos de los que solíamos frecuentar Crab's (el bar de rock blues más importante que Bogotá llegó a tener hace algunos años), terminamos también allá haciendo parte de este encuentro. Parecía algo así como "Clase del 2005".

La travesí­a para llegar fue bien parchada. Un vuelo a Barranquilla y luego un bus de unas cinco horas hasta Magangué, donde se toma el ferry por el Magdalena y comienza el paseo a otra dimensión. Durante el trayecto hablamos y compartimos algunos momentos con los colegas de Blueswagen, el armonicista Danilo, nuestro anfitrión Betto (de los viejos conocidos) y los Monsieur Periné, quienes por estos días gozan de muchos éxitos y reconocimiento. A mi siempre me han gustado, desde que los conocí en la Libélula en 2009 y ahora me alegra verlos liderando una nueva generación fascinada con los sonidos acústicos que proponen. Es curioso ver cómo cuando alguien se vuelve popular la tendencia de la gente es más bien a rajar. Es verdad que los medios llegan a saturar con el mesié, pero es también verdad que ellos tienen con qué sustentarlo y van por buen camino.

Cuando pusimos los pies sobre Mompox ya era el atardecer. Supe que esa noche hubo parche... yo me lo perdí porque caí como una piedra. La noche anterior había seguido derecho al aeropuerto luego de haber tocado y el cansancio salió a flote. A veces quisiera poder tener algo así como un crédito de horas de sueño redimibles para ese tipo de momentos.

Sin embargo al dí­a siguiente salimos con Germán desde temprano a pasear en bibicleta por la isla y tuvimos la oportunidad de ver un paisaje increíble y conocer varios personajes macondianos de esos que uno nunca olvida. Me encanta conocer a la gente local en cada lugar visitado y hablar con ellos. Soy muy conciente del privilegio de ser mósico a la hora de interactuar sin mayores problemas en medio de tantas divisiones sociales, políticas y absurdas en general.

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Cuando uno está en Mompox puede tomar una balsa que lo lleva al otro lado del río y llega al departamento del Magdalena, a Puerto Jaime. Allí­ queda la tienda de Yonis, un buen anfitrión que nos presentó a Germán y a mí­ a este pequeño artista en potencia, que dibuja instantáneamente todo lo que ve.

Hacia las 4pm estaba programada nuestra intervención en el marco del festival, tocando a la entrada del hostal doña Manuela. Mientras llegaban los invitados, entre los cuales habí­a altas personalidades de la farándula y la política, así como varios de los músicos participantes, nosotros tocábamos al aire libre. Debo confesar que me hubiera gustado participar en la tarima principal, pero no por eso estuvo mal. Habí­a mucho movimiento, gente entrando y saliendo. ¡Yo hasta pensé que ni nos habían puesto cuidado!

Germán tuvo que viajar en seguida de regreso para un concierto que tenía en Bogotá y yo salí a caminar por las calles momposinas. Aunque habí­a una exhaustiva programación musical todo el dí­a, yo preferí salir a aventurar. Terminé conociendo al famoso Walter, un austríaco que hace tres años vive en Mompox cocinando en su restaurante, haciendo sus propios muebles, destilando sus propias bebidas alcohólicas y creando su propio mundo con mucho amor por todo lo que hace. Con mi guitarra negra como pasaporte también conocí otras casas y gentes que me recibí­an con los brazos abiertos y querían oir un poco más de ese blues que alcanzaron a distinguir desde el hostal doña Manuela. Ahí me dí­ cuenta que no solo si nos habí­an puesto cuidado a Germán y a mí­, sino que les gustó mucho a varios momposinos. Surgí­a una invitación tras otra. En un momento me angustió porque quizás ya estaba demasiado lejos de todo y todos, pero las historias de la gente y la música me estaban llevando. Es la magia del rí­o, sin lugar a dudas.

La noche cayó y el parche fue donde Walter, donde hubo comida, guitarra y hasta un pequeño jam con Juan David (saxofonista imprescindible a lo largo del viaje), Juan Camilo Anzola (baterista de The Joint, Nowhere Jazz y para esta oportunidad de Oscar Acevedo) y otros colegas. Luego vino la amanecida frente al rí­o, hablando de la vida con los Blueswagen, con quienes hemos tenido muchas experiencias en común. Sin mayores problemas, regresamos a nuestro hostal luego de un pequeño susto al ser abordados por tres personajes que manejaban un tono demasiado apasionado a favor de su corriente política y que de alguna manera se iban enamorando de nosotros... unos "hippies" a su modo de ver. Y al nuestro también.

El dí­a siguiente fue tranquilo. Una buena caminada y el encuentro con los músicos conocidos, mientras vimos a los artistas del gran evento final. Me gustó mucho el trío que trajeron de Nueva Orleans (Dejan, Stephenson y Ross). De los demás debo admitir que me gustaron algunas cosas, aunque también me aburró en varios momentos al igual que los momposinos a juzgar por sus gestos.

Todo terminó muy tarde y casi que en seguida tuvimos que salir en el bus para tomar el ferry de regreso. El mismo bus que llevaba músicos ganosos y felices de llegada, regresaba con lo que quedaba de cada uno, que no era mucho a decir verdad.

Me quedé en Barranquilla una noche más donde amigos hechos en la ruta. Es una ciudad muy musical así­ que recibimos el atardecer en la Olímpica con unas águilas y fuimos a parar al balcón de un apartamento donde cantamos, tocamos, bebimos y fumamos bossa nova, country, blues y reggae con los amigos de Guayaba Club: Keren, una cantante con voz y carisma únicos; y Julián, culo'e guitarrista. Al final les cantó "El Beso" de Vulgarxito y recuerdo muchas risas y aplausos hasta que llegó la hora de regresar a Bogotá.

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