03
Noviembre
2015

TBCB - 10 años

Por Carlos Reyes

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Hoy estamos aquí,
mañana nos habremos ido.

La historia del álbum debut de The Black Cat Bone
Por Carlos Reyes

Dicen que el primer amor nunca se olvida, que produce una ilusión tan fuerte como para querer hacerlo durar toda la vida. Yo crecí con un profundo amor por los discos, las mujeres vendrían después. De las posibles versiones que haya de esta historia les quiero contar la mía, la única que conozco de primera mano. Este disco ha tenido la facultad de tocar muchas vidas y merece una celebración 10 años luego de haber sido publicado.

I. BOGOTÁ 1989

A finales de los ochentas y durante el cambio de década no había mejor plan que ir a la calle 19 en el centro de Bogotá a mirar, y cuando había plata, comprar música. Llegar con un disco nuevo a la casa, encerrarse a oírlo a todo volumen contemplando el arte y leyendo las letras era la mejor experiencia imaginable. Ya fuera por sus carátulas, o por recomendación de Saúl Álvarez (q.e.p.d.) en la Musiteca o el Dr. Rock en la Rockola, siempre encontraba nuevas bandas o títulos. El cd era muy exclusivo, los lps y los casetes dominaban el mercado aún.

Los domingos en la noche escuchaba el Expreso del Rock, programa radial conducido por Andrés Durán y John Jairo Ricaurte desde los 88.9 del dial FM. Era mi clase semanal, la única a la que asistía por voluntad propia. Entre cada programa y cada ida a la 19, aumentaban en mí las ganas de unirme a esa tribu de mechudos que optaban por una vida diferente. Fue así que a los 15 años formé Saratro con amigos del colegio. Yo sabía un par de acordes en la guitarra pero pronto pasé al bajo, que era la vacante disponible. Intercambiábamos discos y casetes todo el tiempo y a partir de ahí comenzamos a darle forma a nuestros intentos de canciones. Pisé por primera vez una tarima, se armó un pogo y me quedó gustando. Así fue que encontré mi lugar en este mundo.

Pasarían algunos años hasta que yo supiera lo que era un estudio de grabación. En 1995 se me presentó una gran oportunidad. Había pasado una audición para ser bajista de Agony, banda de death-thrash metal que para entonces lideraba la escena local. Era la época de los primeros Rock al Parques y yo pasaba mis fines de semana en los bares del underground bogotano. Si asistir al Expreso del Rock cada domingo fue mi secundaria, hacer parte de Agony fue mi universidad. Con ellos aprendí lo que era estar en una banda, tener un público, darlo todo en tarima y, por qué no, a ser un rockstar -o lo que más se asemeje a tan desvirtuado concepto-. Había entradas gratis y cerveza en los bares donde además las chicas me pedían el teléfono. Recibíamos regalos como dibujos, camisetas, casetes y fotografías. A veces incluso firmábamos senos al final de los conciertos.

Agony tocaba en vivo todo el tiempo y viajábamos por Colombia. Yo era un fan que ingresó a sus filas –a lo Jason Newsted en Metallica- para grabar los bajos del Millennium en los estudios de Audiovisión. Un disco que el tiempo demostró haber sido una gran influencia a nivel nacional. El pasado mes de abril de este año salió una reedición en vinilo prensada en Francia. Casi no lo creo cuando lo sostuve en mis manos y se lo mostré a mi hija: “Este era tu papá hace veinte años”, le dije. “No has cambiado mucho, solo que ahora tienes barba”, respondió.


II. BLUES, FUENTE DE INSPIRACIÓN


Para 1997 Agony había recorrido gran parte de la geografía nacional y yo repartía mi tiempo entre el metal y mi gusto por Led Zeppelin, actuando como bajista de una banda tributo a la que llamábamos Moby Dick o Perro Negro, según la ocasión. Con ellos mi interés hacia el sonido del rock blues se fortaleció y me llevó a buscar las raíces de la música que tanto me gustaba: me sumergí en el blues, la música country y el rock and roll de los cincuentas. Por un año estuve a la cabeza del bar Bajo Mississippi al norte de Bogotá, donde se presentaron prácticamente todas las agrupaciones de esa entonces emergente escena, aquella que fundó las bases para quien fuera posteriormente a construir desde el blues en Bogotá: Vértigo, Candelaria Blues, Blue Derek, Mister Solo, entre otras. Para la inauguración de Bajo Mississippi armé un grupo que incluía a Mauricio Leguízamo en la guitarra, quien para entonces aún no cantaba. La Frecuencia Joven de la Radiodifusora Nacional, hoy en día Radionica, programaba blues al medio día entre semana y la ciudad supo apropiarse muy bien del sonido y estilo. Se comenzaron a oír tímidamente las armónicas y la guitarra slide entre las nuevas propuestas capitalinas.

Fue tan fuerte mi inquietud por la música raizal norteamericana que terminé viviendo cerca a la ciudad de Nashville, TN durante los siguientes años. Me retiré de Agony, quienes también para entonces habían emigrado a Los Angeles, y me fui en busca del cruce de caminos que tan recurrentemente encontraba en mis lecturas sobre los orígenes del blues. Fue en Tennessee donde conocí la humildad virtuosa que caracteriza a los músicos sureños de los Estados Unidos. Para ese momento solo deseaba ser uno más de ellos, quienes me acogieron y me enseñaron lo más importante: el balance entre la tradición y la vanguardia. Así pues, continuando con las analogías académicas, Tennessee vino siendo mi especialización.


III. DE LA ATENAS DEL SUR…
A LA ATENAS SURAMERICANA


A finales de 2001 dejé Nashville, regresé a Bogotá y Mauricio Leguízamo me contactó nuevamente. Se encontraba liderando un trío que tocaba canciones de los Stones, Stevie Ray Vaughan, Hendrix y Clapton. Ya habíamos tocado juntos en años anteriores en una banda de metal y para la inauguración de Bajo Mississippi, el bar del que estuve a cargo. Me invitó a hacer parte de su proyecto. No tardamos mucho en incorporar al repertorio algo de Bob Dylan y Johnny Cash mientras que mi personaje de sombrero cowboy nacía con propiedad en escena. Fue así que creamos nuestra primera obra juntos: Here today gone tomorrow, en la que mi influencia sureña y su grandiosa voz sellarían una unión que traería muchas satisfacciones en años venideros.

Tocábamos todo el tiempo en cuanto lugar fuera posible: bares, mercados de pulgas, fiestas en casas y teatros pequeños. El recordadísimo bar Crab’s se encontraba en su primera etapa (fue ampliado varias veces durante su existencia en Bogotá) y poco a poco llegaban nuevos adeptos al estilo rock blues. Íbamos cada miércoles y en esas conocimos a Juan David Bernal, la pieza que nos estaba haciendo falta para constituir el equipo. Éramos tres voces, tres guitarras y yo intercambiaba la labor del bajista con Juancho. Bateristas hubo muchos pero ninguno estable durante esa época. El Hard Rock Café recién abría sus puertas en Bogotá, para lo que organizó un concurso de bandas en alianza con el canal City TV y la emisora Radioacktiva. Participamos y ganamos. El premio consistía en un videoclip que City TV nos iba a producir, y para esto requerían el audio con urgencia. Ellos no sabían que nosotros, los ganadores, no teníamos ese audio aún. Pero teníamos la canción que queríamos grabar y estábamos listos para lo que venía, o eso creíamos.


IV. SIENTO LO QUE ES REAL 


Llevábamos ya un par de años tocando bajo el nombre Black Cat Bone, a manera de homenaje a la cultura blues y porque además era la música que hacíamos en ese momento. En realidad era un blues bien roquero, tal vez más rock que blues, pero blues al fin y al cabo. Yo grababa maquetas todo el tiempo en mi casa y ya la canción se encontraba muy bien pre-producida, solo hacía falta grabarla profesionalmente. Cuando llegamos a Ártico Records nos gustó y además podíamos pagarlo, aún no era un estudio de renombre. En una tarde grabamos todas las pistas con Pyngwi -productor y para entonces todero del estudio- quien al final de la sesión se puso a mezclar ahí mismo. Al día siguiente ya teníamos un cd con la canción Here Today Gone Tomorrow. Por esos días no nos preocupaba saber qué era una masterización, teníamos lo que necesitábamos y fuimos a llevarlo a City TV para reclamar nuestro premio.

En calidad de ganadores del concurso, fuimos también invitados una mañana de viernes a Radioacktiva para anunciar la presentación que tendríamos esa noche en Hard Rock Café. Pusieron la canción al aire, hicieron sus correspondientes mofas -típicas de su show matutino- apelando a mi pinta sureña, para entonces aún exótica en nuestro medio. Esa vez presentamos la banda, anunciamos lo que teníamos y nos fuimos. Semanas después alguien nos dijo que estaban poniendo la canción con regularidad en la emisora, algo que nos costaba trabajo creer. Eso simplemente no ocurría con ninguna banda local para entonces. Llegamos a estar en los primeros lugares del conteo y supimos lo que era encender la radio y oír una canción nuestra en medio de una programación 100% importada. La gente creía que éramos una banda de afuera y cuando descubrieron que éramos bogotanos comenzaron a asistir masivamente a nuestras presentaciones. El poder de la radio, nada que hacer.

Una vez Pyngwi declaró: "En 2003, Here Today Gone Tomorrow, se convirtió en la motivación para el movimiento independiente del rock en Colombia, que a partir de allí comenzó a soñar con llegarle a las masas y lograr una difusión pública solamente con méritos propios y no con la ayuda de la maquinara de las renombradas disqueras." Hoy por hoy aún me preguntan algunas personas “¿Cuánto tuvieron que pagar por sonar?” Nada, absolutamente nada.

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V. EL 'MAKING OF' DE TBCB


2003 terminó siendo el año definitivo para la ahora llamada The Black Cat Bone o TBCB, dado que descubrimos un gran número de bandas con el mismo nombre alrededor del mundo. Era preciso hacer un álbum, un disco, un cd. Aún se vendían discos masivamente y existían grandes almacenes como Tower Records. Antes de Facebook, teníamos un foro por medio del servidor NoseBleed y hace poco Lemo (Leguízamo) me hizo caer en cuenta que esta fue la primera red social activa para quienes así lo vivimos. Y no éramos pocos. Sus participantes hablaban de las canciones, hacían reseñas de los conciertos, preguntaban y compartían con la banda sobre cualquier tema. Además usaban avatares. A muchos nunca llegué a conocerlos personalmente pero recuerdo sus avatares y el tono de sus comentarios.

Componer en The Black Cat Bone era un ejercicio un tanto complejo. Nuestros universos eran distintos y habíamos encontrado un punto de unión, pero hacía falta experiencia. En vivo éramos furiosos y hacíamos versiones libres de clásicos del rock, country y blues que nos permitían explorar nuestras capacidades sin restricción alguna. Una época de muchos excesos y poca mente. Veíamos noches y amaneceres transcurrir a toda velocidad desde la ventana de nuestro tren, disparado en pura y saliéndose de sus rieles, así como en la canción de Ozzy. Tocábamos todas las semanas, varias veces por semana. Bebíamos, fumábamos, tocábamos y el ciclo volvía a comenzar. Más que nada éramos una fiesta itinerante. Poco a poco lográbamos incorporar canciones nuestras dentro del show y las mismas iban mutando noche tras noche. Son canciones que en su mayoría obtuvieron su molde en tarima.

Nunca lo busqué ni lo pensé así, pero un día me di cuenta que yo, además de músico, era el manager: llamadas, correos electrónicos, visitas y montones de compromisos sociales. Tuve que abrir oficina y establecimiento de comercio. Comenzamos a llamar la atención de distintas personalidades en la radio y la prensa. Conocimos el mundo de la farándula musical en Colombia. Creíamos que ahí podríamos conseguir un manager de verdad para llevar la experiencia más allá. Pero con esta gente no nos iba muy bien, no éramos precisamente sus favoritos y no sabían cómo abordarnos. Viniendo del metal, yo sabía menos aún cómo abordarlos a ellos. Algunos aseguraban que no estábamos proponiendo nada nuevo mientras otros veían en nosotros la esperanza del rock nacional, salvo por el hecho de cantar en inglés.

A los medios les gusta sentir que los artistas se deben a ellos. Las puertas del show mediático se mantuvieron cerradas mientras que nuestro público crecía y nos hacía más fuertes. Nos tocaba lidiar con los celos entre las dos emisoras que programaban rock. Si sonábamos en una, la otra se resentía y no nos ponía. Éramos un fenómeno para el que ni ellos ni nosotros estábamos preparados. En retrospectiva, siempre fuimos una banda del público, no de los críticos o de los medios masivos, pues los especializados siempre fueron nuestros aliados. El público del rock es quizás el más difícil de conquistar y el más leal a la vez, por lo mismo. En la actualidad puede uno ver cómo aparecen bandas en el ámbito del rock que sin una gran trayectoria o propuesta son tratadas como toda una revelación sin necesariamente estar en sintonía con lo que sucede en las calles. El tiempo y las canciones mismas se encargan con los años de establecer quienes entran a ser clásicos y quienes quedan en el olvido. Y eso no es solo a nivel local, es en el mundo entero. Es la historia del rock.

Volviendo a la creación del disco, nos queríamos devorar el mundo entero y no le poníamos límites a la creatividad. Iba surgiendo material poco a poco y lo grabábamos todo en mi consola digital Korg D16, para entonces tecnología de punta. Seguíamos los tres y con frecuencia cambiábamos de baterista. Recuerdo los nombres de ocho de ellos, pero creo que hubo más, pues algunos solo duraban un ensayo o un toque. Las canciones de Carlos, las canciones de Mauricio, las que hacíamos juntos y la canción de Juancho. Fueron en total 12 las seleccionadas. Regresamos a Artico Records en 2004 a grabar el disco que cambiaría nuestras vidas.

María Cecilia Sánchez se había ganado La Isla de los Famosos, uno de los primeros reality shows de RCN. Ella amaba nuestra música y amaba también a Juancho, que para entonces era su novio. Se convirtió en nuestra mecenas y nos permitió tomarnos el estudio de grabación sin afanes. A Pyngwi le gusta decir que él fue el productor del disco como si lo hubiese hecho solo. Su aporte fue muy valioso, pero el disco fue una coproducción entre Reyes y Leguízamo con Pyngwi, en ese orden. Básicamente cada uno era muy celoso con el sonido de su propuesta por cada canción. La participación de Gustavo Forero en la grabación de las baterías también fue determinante. Un gran baterista y con buena experiencia en estudio. En el álbum el crédito aparece como “Producido por TBCB y Pyngwi”. Por aquellos días yo creía en la democracia. Lo importante es que cada canción recibió un espacio de producción que le permitió una identidad propia dentro del disco. No hubo fórmulas o métodos preestablecidos.

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(Alineación clásica: Juancho, Lemo, Gustavo y Carlos)

Si algo le dio el toque diferencial a nuestro sonido fue la mezcla y masterización que hicieron Felipe y Juan Alberto Guevara desde Closet Estudio en Madrid, España. De esto poco se habla. El 50% del mérito que ha logrado este fonograma corresponde a los hermanos Guevara, dos colombianos radicados en España y que se encargaron de pulir minuciosamente cada detalle. Cuando estábamos en proceso de mezcla en Artico nos vimos frustrados al no lograr el sonido que queríamos. Por esos días Juan, conocido mío de años atrás, se encontraba en Colombia y me acompañó a una sesión. Me dijo: “Carlos, déjeme mezclarles un tema a ver si les gusta, puedo hacerlo mucho mejor”. Le di el disco entero y desde España él y su hermano hicieron un trabajo sin igual.

Cuando llegó el master a Colombia, por fin tuve en mis manos el disco que tanto llevaba soñando desde los 15 años. Había convocado a una preventa a través de nuestro foro on-line y tan pronto estuvieron listos los discos estuve yendo durante las siguientes semanas a Servientrega a poner cds al correo. Fueron cerca de 80 envíos. Un par de meses después estábamos en los primeros lugares de los más vendidos en Tower Records y así durante el siguiente año. Se vendieron cerca de 3.000 copias (cifra relevante únicamente para el rock independiente en Colombia). Ahora me permito soñar con la reedición en vinilo, así como se hizo con el Millennium de Agony. Pero eso hará parte de otro capítulo si llega a ocurrir.

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(Carta de invitación a la fiesta de lanzamiento el 4/11/05)

Hoy se están cumpliendo 10 años de haberlo publicado y siento una enorme satisfacción del trabajo realizado, no solo con el disco sino con todo lo que The Black Cat Bone representó en ese momento para el rock colombiano. Con los caminos que se abrieron y la inspiración que brindamos a cada persona que compró el disco, que fue a un concierto o que recientemente nos conoció por YouTube.


VI. LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE


En 2007 me retiré de The Black Cat Bone en busca de nuevos retos a nivel artístico y personal. Ya para entonces había muchas bandas cantando en inglés, sonando en la radio y buscando su camino. Yo necesitaba reinventarme, no quería más hacer parte del rock anglo hecho en Colombia y mucho menos recibir cumplidos del tipo: “que chimba, parecen gringos”. Hace un par de años fue publicado el libro Rock Colombiano: 100 discos, 50 años, del autor Pablito Wilson, quien escribió “Un antes y un después entre las propuestas de este género que ha habido en el país”. Gran honor que sea visto de esa manera. Más grande el honor de saber que esas canciones suenan en distintos lugares del mundo, según me entero gracias a las redes sociales.

Lemo se ha mantenido a la batuta de la banda enfrentando los distintos cambios de alineaciones. Juancho hizo un álbum más, el Koma, y luego se retiró también. En la actualidad es guitarrista de The Hall Effect. Yo me dediqué a viajar mucho por Colombia con mi guitarra negra y me convertí en el capitán de mi nuevo barco junto a La Killer Band, a la vez conservando la individualidad que permite una carrera de solista colaborando con distintos proyectos artísticos. La canción La Villa, grabada originalmente para el álbum The Black Cat Bone hace parte fundamental de mi acto en vivo aún y nunca deja de sorprenderme. Esta vida posterior me ha brindado nuevos retos y satisfacciones. Las bandas son muy complejas desde su interior y las inquietudes de cada individuo como artista no siempre apuntan en la misma dirección.  


VII. LA REUNIÓN

El año pasado me uní nuevamente a The Black Cat Bone para tener el honor de abrirle a Deep Purple en su primera visita a Colombia. Me sentí en casa desde el primer momento. Tanto por la banda como por el público y el calor que nos brindó. Una vez más fuimos la banda de la gente. Fue una experiencia increíble y los escasos asistentes dieron fe de ello.

Entre nosotros no corre mala sangre y por el contrario, somos como hermanos. Y como hermanos, cada uno ha tomado su camino en la vida, deseándonos lo mejor unos a otros. Hemos tenido algunas conversaciones acerca de la posibilidad de grabar algo nuevo y girar, pero los horarios y las vidas de todos aún no lo han permitido. Seguiré insistiendo porque creo que nos debemos un buen sacudón en tarima dentro de la actual escena que de alguna forma contribuimos a forjar. Por lo pronto, no podía dejar pasar esta fecha sin conmemorar la publicación del álbum que nos abrió las puertas para hacer rock n’roll en nuestro país demostrando que si es posible. Esta noche haré un brindis por todos ustedes.


THE BLACK CAT BONE
CANCIÓN POR CANCIÓN

Grabado en ARTICO RECORDS, Bogotá, D.C. - Colombia (C) 2005 TBCB MUSIC
Producido por TBCB & Pyngwi
Ingeniero de sonido: Pyngwi
Asistente de grabación: Felipe Gutiérrez
Mezcla y masterización: Felipe y Juan Alberto Guevara
CLOSET ESTUDIOS, Madrid - España.
Producción Ejecutiva: Maria Cecilia Sánchez
Fotografía: Camilo George
Dirección de arte y diseño: Harvey Rodríguez

(Clic en las fotografías para agrandarlas)

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1. GET A LIFE (Bernal, Leguízamo)

En vivo siempre fue de las favoritas, como un buen shot de tequila: directo al grano. Juancho llegó un día con una maqueta que nos gustó y decidimos convertir en canción. La entrada con esa línea de bajo es ganadora, y es de su autoría, yo solo le puse mi toque a la hora de hacer el arreglo. Lemo enfocó la letra a partir de anécdotas personales –que el mismo Juancho contaba- acerca de las dudas que surgen en el hogar y la sociedad cuando uno define el rock n’roll como forma de vida. El solo de guitarra de Juancho es lo máximo. Yo contribuí con parte de la letra y arreglos musicales pero nunca supe por qué no me dieron el crédito correspondiente. Pasa en las bandas, pasa en la vida.

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2. COMING BACK HOME FOR GOOD (Leguízamo)


Antes de juntarnos ya Lemo tenía esta canción. Un día nos la presentó y al tratarse de un tema blusero, muy a lo Stevie Ray Vaughan, no tardamos mucho en hacerla sonar con personalidad. Por esos días ensayábamos en el bar Lord Gamba. Teníamos las llaves y podíamos entrar cuando quisiéramos. El olor de ese lugar de día no era muy agradable, pero teníamos toda la libertad del mundo. La pasábamos muy bien y en medio de la fiesta definimos esta, que se convertiría en la canción de apertura por excelencia para nuestros conciertos. Nunca he sabido realmente de qué trata la letra.

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3. HERE TODAY GONE TOMORROW (Reyes, Leguízamo)

Donde todo comenzó. Yo tenía un demo con todas las partes musicales -incluidos arreglos de guitarras, bajo y baterías- desde mis años en Agony, pero no era algo que a ellos les interesara, así que decidí archivarlo. Tiempo después cuando regresé a Colombia y comencé a trabajar con Lemo decidimos hacer la canción. Faltaba la letra y melodía vocal, que fluyó de manera muy espontánea. Para mí es una declaración: “no me voy a vender y esto es en lo que creo”. Hoy por hoy sigo igual de testarudo y esta canción fue la que derrumbó los muros del escepticismo para nosotros y los que vinieron después. Llegó a los primeros lugares de Radioacktiva en 2003, antes de que las bandas locales sonaran en dicha emisora y antes de la publicación del álbum. La versión demo, que fue la que sonó en la radio y la del video, me gusta más que la versión que rehicimos para el disco. La espontaneidad del momento es ireemplazable.

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4. HEYDAY (Reyes)

Si Lemo era gran admirador de Stevie Ray Vaughan y había hecho Coming back, yo no me quería quedar atrás con mi admiración por Johnny Cash y compuse Heyday. Un guiño bastante directo a su sonido, pero más roquero y con una letra que surgía de un momento de rabia. Yo iba todos los miércoles a Crab’s y contribuí a brindarle impulso a toda esa movida de la época. Pero un día simplemente no me dejaron subir a cantar y fue para mí la mayor ofensa, dado que ni siquiera cuando lo hacía recibía un pago justo. Deje de asistir radicalmente y fue así que aprendí a buscar nuevos espacios para nuestro blues, comenzando por Lord Gamba, donde terminamos creando toda una nueva escena. Luego me pasó la piedra con Oscar, dueño de Crab’s, y entendí que siempre habrá varios puntos de vista, pero quedó una buena canción.

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5. REDEMPTION (Leguízamo)

Esta canción es Lemo al 100%, musical y líricamente. Cuando comenzamos con la banda él era un ingeniero recién graduado que se debatía entre su vocación musical y una vida laboral estable. La banda comenzó a dar frutos y era posible pensar en una vida en torno a la música, pero había que dar el siguiente paso. Creo que fue así que él escribió esa letra para dedicársela a su ser interior. Musicalmente es contundente y en vivo siempre ha sido de las favoritas. El lado más roquero de una banda que se dio a conocer como banda de blues.

6. SAD SONG (Leguízamo, Reyes, Bernal)

La perfecta combinación entre los tres. Hubo mucha experimentación musical por esos días y cada uno traía su sonido a los ensayos. Fue mutando poco a poco y lo que comenzó como un blues terminó siendo algo progresivo y roquero. Estábamos en muy buen momento cuando la hicimos y fue tal vez la única de todas que fue elaborada en banda, en el sentido estricto de la palabra. La letra es un momento de despecho que Lemo supo interpretar muy bien “When I feel this broken heart I sing this sad sad song”.

7. GOT MY MOJO WORKIN’ (P. Foster)

La única que no es de nuestra autoría. Un concierto de The Black Cat Bone podía durar más de tres horas a punta de versiones de clásicos del blues, country y rock. Sentimos que era justo incluir al menos una de esas canciones en la producción del disco. Siempre había baile y risas cuando el Mojo sonaba y así fue que la elegimos entre tantas. Me di gusto elaborando el arreglo de guitarras country, pues vi en esta canción una buena oportunidad de poner en práctica el sonido que aprendí en Nashville. No quería imitar la –además inigualable- versión de Muddy Waters, quería en cambio darle un toque personal. Resultó siendo nuestro mayor éxito luego de “Here today” en Radioacktiva y hasta la fecha, el video clip que más vistas tiene en You Tube dentro de la discografía. Así pasamos de ser imitadores a ser imitados. Se cierra el ciclo.

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8. BLACK CAT BONE (Leguízamo)

En 2003 hice parte de la alineación de los legendarios Kraken. Así conocí a su baterista del momento, Gustavo Forero. Era muy versátil y compartíamos el gusto por ciertas bandas insignias de los 80. Un día terminamos hablando de “Hot for theacher” de Van Halen, que propone un shuffle virtuoso a doble bombo. Gustavo me dijo “yo lo sé hacer”. Un año más tarde Gustavo ya había aceptado unirse a The Black Cat Bone y yo le había contado a Lemo acerca del shuffle, quien se propuso hacer un tema con ese ritmo, ya que era un lujo contar con un baterista que lo pudiera hacer. Así fue que él escribió la canción que captaría la locura y desenfreno de lo que significaba para nosotros dar un concierto. Cuando Gustavo salió de la banda la canción nunca volvió a sonar igual.

9. AN INSTANT (RUN) (Reyes, Leguízamo)

Otro de mis demos de archivo. En esta yo había grabado un teclado, un bajo y una guitarra con los que quería acercarme al sonido de Pink Floyd. Tenía la idea estancada y fue Lemo quien le diseñó un coro que la terminó de definir. Un tema experimental que contó con los teclados de Jorge Rojas (Shine), quien luego hizo parte temporalmente de la banda cuando yo me retiré. El desasosiego que produce enfrentar la realidad de quienes no tienen hogar y que tristemente hacen parte del paisaje cotidiano en Bogotá. Diría yo que entra en la categoría de tema de culto entre nuestro público.

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10. SHOUT IT OUT (Leguízamo)

La necesidad expresa de cantarlo, de gritarlo bien duro. Eso que te hace vibrar, por lo que vives y que quieres compartir. La favorita de muchos, la del dúo de guitarras líderes, rock de estadio, aunque nunca tocáramos en un estadio. La obra maestra de Lemo. Una vez Andrés Durán nos dijo: “¿Por qué termina en fade out?” ¡Ese solo debe seguir de largo, así como el de Free Bird!”. Creo que tenía razón. En vivo demostró que siempre podíamos ir un poco más allá de lo que creíamos que era el límite. La mano de Pyngwi en la producción de esta canción fue definitiva, le doy todo el crédito al respecto. Incluso grabó guitarras rítmicas. Hizo de esta un himno para el hard rock colombiano.

11. LA VILLA (Reyes)

Mi momento más personal en todo el disco. Mi canto al milagro de la vida, a que mi esposa quedara embarazada y al amor eterno que va mucho más allá del enamoramiento. Musicalmente un reto, pues yo tenía el deseo de juntar al cóndor con el águila. La música andina se da la mano con la música country y demuestran que somos más de lo que nos han hecho creer y que las fronteras no son más que inventos de quienes nos quieren dividir. Esa magia está siempre conmigo, más que como un amuleto, como una oración. Para entonces no logramos que la versión en vivo le hiciera justicia a la versión en estudio. Hoy día disfruto mucho tocándola con la Killer Band porque la canción ha madurado y por fin la versión en vivo está superando a la de estudio. Una canción para cerrar los ojos y dejarse llevar.

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12. WE’LL MEET AGAIN (Reyes, Leguízamo)

Cuando viví en Tennessee me hice muy amigo de Ronn Lynn, músico y productor musical, colaborador de artistas como Waylon Jennings y The Crikets, banda del legendario Buddy Holly. Solía ir a su casa a beber vino Merlot y tocar la guitarra por largas horas. En una de esas sesiones salió el demo de We’ll meet again. Aunque no tenía una letra, le puse el título ahí mismo y se la dediqué a mi amigo, como presagio de un futuro encuentro entre nosotros. Es una promesa que aún tengo por cumplir. Años más tarde le mostré la grabación a Lemo y le dije: “Tengo la música, tengo el título y el tema para desarrollar”. Fue mágico como él interpretó todo y juntos hicimos la letra exaltando la amistad. Cuando la vida te pone de un lugar a otro y tienes que dejar alguien que quieres pero sabes que lo llevarás en el corazón. Con esta canción cumplí el sueño de hacer mi guiño más cercano a ese Led Zeppelin acústico que tanto me gusta. Muy pocas veces llegamos a interpretarla en vivo. Que mejor manera de cerrar este capítulo que deseando que vuelva a ocurrir en un futuro.

Despido estas líneas con un profundo agradecimiento en mi corazón a todas las personas que estuvieron involucradas en la elaboración de este disco y a quienes participaban en el legendario y desaparecido foro. También a todo aquel que ha llevado estas canciones consigo por la vida. Ustedes saben quienes son.

...así cerraba la dedicatoria que escribí para del disco:

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